El problema del tomate importado llegó para quedarse

Productores e industriales están atrapados entre los precios internacionales y lo que cuesta producir y procesar en el país. Por ello la importación es un gran negocio que le apunta directamente al sector.

El sector del tomate está en alerta permanente desde que las importaciones se abrieron hace unos dos años, como parte de la política económica de la gestión de Mauricio Macri. Y a las quejas, la respuesta oficial es que el sector privado debe mejorar su eficiencia y en consecuencia la competividad. En síntesis, el problema que amenaza con dejar fuera de juego a cerca de un 35% de los jugadores no encuentra, por ahora, un horizonte despejado.

Los "tomateros" ingresaron a una área gris que depende de la reacción del Gobierno Nacional que por el momento les pide que dejen de llorar y se vuelvan eficientes.
Pero desde la vereda de enfrente tanto productores como industriales denuncian que están enfrentando una competencia desleal si se consideran los costos que manejan los "tomateros" chinos, chilenos o italianos.

Mientras eso sucede, el sector pierde rentabilidad ante la importación de tomate pelado en lata italiano y de pasta de tomate de Chile.


Durante el gobierno de Paco Pérez en San Martín la firma Baggio puso en marcha una fábrica de pasta de tomate.

En el caso del tomate pelado, el problema para los locales la génesis del dolor de cabeza inicia en los subsidios que reciben productores e industriales de parte del Gobierno de Italia. En el de la pasta, porque internacionalmente está barata, básicamente por los costos muchos más bajos que tienen en materia de combustibles, gas y energía eléctrica. 

El sector del tomate argentino, como otras industrias como la frutihortícola, denuncian, por ejemplo, los precios del combustible que en Chile cuesta casi la mitad que en Argentina.

Según Alfredo Andión, directivo de la compañía sanrafaelina Salto Las Rosas -del Grupo Marollio- "el mayor problema se centra en la pasta -de tomate- importada. Unas 36 mil toneladas ingresaron en 2017. El problema parece haber surgido por la importación de unas 30 millones de latas", marcó. La referencia de Andión se sustenta en el hecho de que mientras en el caso del tomate pelado hay mucha sensibilidad por la capacidad instalada que existe en Argentina para procesar y enlatar en el de la pasta el problema surge por la comparación de los volúmenes importados: 44 millones de kilos de pasta frente a unos 3 millones de kilos de pelado.


La pasta de tomate es un concentrado de tomate a la que se le ha quitado tanto la piel como las semillas y que posee una textura final en forma de pasta de color rojo.

A esto se suma la concentración existente en las cadenas de supermercados, algunas de ellas de origen multinacional y que son importadoras de distintos productos (como tomate pelado en lata y de pasta de tomate).

"El país consume entre 650 y 700 millones de kilos -de pasta de tomate-", precisó Andión. Y agregó: "Argentina aún no logra autoabastecerse con la producción propia. Sí hay que ponerle una retención sobre la pasta y no tanto sobre el tomate pelado. Pero con la importación de pasta hay que tener mucho cuidado porque ante un riesgo climático hay que importar sí o sí", advirtió.


Producción de tomate en San Martín. Mendoza produce un poco más de la mitad de lo que se cosecha en Argentina.

 "Mendoza produce un poco más de la mitad del tomate que se cosecha en el país y procesa la mayor parte", destacó Cristian Del Pozzi, productor de San Rafael, quien marcó el dato con el fin de dimensionar "el problema que representa para la provincia y las familias que viven trabajando el producto". Y agregó: "También se produce mucho tomate en San Juan", informó.

Para Del Pozzi, quien además es vocal de la Sociedad Rural de San Rafael, "la importación golpea al eslabón más débil, al productor, porque la industria deja de plantar. En el caso de la importación de pasta de tomate proviene de Chile o de China y en el caso del tomate pelado ya viene terminado a través de una importadora como pueden ser los mayoristas o los mismos supermercados".

La concentración en la cadena comercial y el poder de compra de los supermercados es otro de los inconvenientes que inquieta a los productores de tomate.

"Por lo tanto la desaceleración en viveros o en fletes es tremenda. La apertura de la importación deja abierta la posibilidad a un negocio muy conveniente debido a los altos costos que deben enfrentar los industriales en Argentina. El combustible en el país es carísimo, el gas para las industrias es carísimo y el costo de la energía en general es muy alto. En el caso de los productores aumentan los agroquímicos. Aumenta el flete, aumenta todo", se quejó.

Y acotó: "El Gobierno habla de que debemos ser eficientes pero ni los productores ni los industriales tienen la culpa de que te aumenten el gas o que te aumenten el combustible indiscriminadamente. Entonces cómo hago para competir con un chileno que paga un 50 por ciento más barato el combustible. Es imposible, es inviable, pero no es culpa ni del productor ni del industrial. Es que no tenemos políticas macro nacionales que nos ayuden a ponernos en igualdad de condiciones. Porque es una competencia desleal".

En el caso de la importación de tomate pelado proveniente de Italia el producto está subsidiado tanto por el lado del productor como de la industria.

"Eso da una razón más que suficiente para que el Gobierno Nacional disponga un arancel a esa lata de tomate pelado que ingresa desde el exterior. Hay razones más que suficientes considerando a los subsidios que reciben en Italia", reflexionó el hombre oriundo del sur mendocino.

  Del Pozzi recordó que "históricamente se viene importando tomates, desde la década de los ochenta. Aproximadamente en un porcentaje cercano al 50 por ciento. Se produce la mitad y se importa la mitad de lo que consume el mercado interior argentino. Pero desde hace unos dos años, desde que cambió el gobierno, una empresa muy grande dejó de plantar desde que tuvo la oportunidad de importar. Y cuando se dedica a importar se juega más cortito financieramente, porque no debe invertir para estoquear la pasta de tomate", analizó.

Ventiló que "acá -en San Rafael- he visto lata de tomate italiana a unos 12 pesos. Estoy seguro que esas lata de tomate toca el puerto argentino a menos de cinco pesos. Porque llega al puerto, baja al distribuidor, de allí pasa al mayorista y después pasa al almacén que es donde generalmente se remarca con un 50 por ciento. Los otros dos intermediarios sacan en promedio un 20 por ciento cada uno. En el mejor de los casos se tiene un 90 por ciento ".

La mayoría de las quejas hacen blanco en la política económica implementada por el presidente Macri.

Finalmente se quejó acerca de que "se han presentado muchas notas a distintas organizaciones, federaciones, alertando por el tema del gas, y de la energía  pero no hemos tenido respuesta positiva alguna a las derivaciones que tuvieron ante los organismos gubernamentales".

En todos los casos, el conveniente negocio de las importaciones de tomate -en su formato  pasta o pelado enlatado- le apunta directamente a la competitividad del sector local y las críticas de los privados lo tienen en la mira a Mauricio Macri.
 
 
Mendozapost-
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